Sentados en un verde paisaje de árboles, cruces y cielo contrasol,
me encuentro discutiendo conmigo. Aquí no hay ningún juego de palabras, esta es
una conversación entre dos que son uno; quizá también con estos otros, o lo que
de ellos queda, quien sabe…En definitiva, una conversación entre nos.
Discutimos aquellas viejas nuevas ideas de la vida después de la
muerte; del hoy y el ayer, del hoy y el mañana, del presente…esos tres, que
también terminan por ser uno.
A ratos salgo de mi dinámica quietud y lo abandono para darme manija.
Intento hacer que aquella sorpresiva idea se convierta en una de las buenas;
ésas en las que si vale -y jamás diré la pena- poner esfuerzo y dedicación. Si siento que no es tarde, es porque no debe serlo...
De nuevo el entusiasmo; sorprendido y lleno de animo entre árboles, cielo y muertos.
Bueno, decíamos que la vida, que la muerte, que el tiempo, que son tres, que son uno.
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